Mantener la operación mientras se activa la innovación
- Magda Álvarez
- 13 ago 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 25 mar

La innovación no siempre comienza con un plan maestro; a veces surge de la presión del mercado. En una empresa manufacturera, un competidor emergente empezó a crecer rápidamente, ofreciendo servicios que los clientes valoraban más allá del producto.
La dirección reaccionó: cada unidad de negocio debía activar innovación de manera inmediata, mientras mantenía la operación diaria sin fricciones. No había líder central de innovación; la responsabilidad cayó directamente sobre los líderes de las UEN.
Algunas unidades ya habían experimentado actividad dispersa de innovación; otras solo vivían mejoras puntuales a través de iniciativas aisladas. Para todas, la decisión fue rápida, reactiva y con urgencia palpable.
“Si no vemos algo que podamos mostrar pronto, la dirección nos va a venir a preguntar por qué no avanzamos”, pensó Ana, líder de una UEN.
“Y aun así, no podemos descuidar la operación. Cada falla nos pega directamente en resultados”, respondió Miguel, responsable de Producción.
Los líderes enfrentaban dos tensiones claras:
Presión por resultados inmediatos: la dirección medía éxito con KPIs operativos, lo que generaba presión constante para mostrar avances visibles.
Recursos limitados para innovación: tiempo, talento y presupuesto estaban mayormente destinados a la operación, dejando a la innovación con recursos mínimos y poco seguimiento.
“Cada vez que dedicamos tiempo a probar algo nuevo, siento que la operación nos reclama retrasos”, comentaba Carla, miembro del equipo de Producción.
“Si priorizamos la innovación, temo que los resultados inmediatos nos pasen factura”, añadía Luis, líder de Logística.
Lo que contaban los miembros de una de las UEN refleja un patrón recurrente en muchas organizaciones al iniciar innovación, la operación absorbe recursos, la presión por resultados inmediatos condiciona las decisiones, y los primeros intentos de explorar nuevas ideas quedan en piloto o se diluyen.
Primeros pasos
Para equipar a los líderes y equipos, se realizó una formación corta con herramientas básicas de innovación. Cada unidad seleccionó iniciativas orientadas al servicio, comprometiéndose a mantener un ritmo de 2 innovaciones por semestre.
Rápidamente surgieron dificultades compartidas:
Asignación desigual de recursos: la operación acaparaba la mayor parte del tiempo, talento y presupuesto.
Expectativas de resultados rápidos: la presión por KPIs inmediatos generaba ansiedad y tensiones internas.
“Estamos haciendo todo lo que podemos, pero parece que nunca es suficiente”, comentaba Carla.
“A veces siento que corremos en círculos: operación, innovación, operación…”, pensaba Ana.
Después de algunos meses, los líderes decidieron hacer un checkpoint: un espacio de análisis y reflexión junto con algunos miembros clave del equipo. El objetivo no era dar soluciones inmediatas, sino identificar qué estaba generando ruido y fricción.
Durante el ejercicio surgieron tres factores críticos:
Claridad limitada en prioridades: qué iniciativas explorar primero y cómo equilibrarlas con la operación diaria.
Presión por resultados inmediatos: la urgencia de impactos visibles complicaba la toma de decisiones.
Capacidad limitada para sesiones de trabajo y seguimiento: no se consolidaban ni se discutían sistemáticamente los aprendizajes de los momentos de Feedback de equipos y clientes.
“No sabemos si nuestras iniciativas realmente avanzan. Apenas tenemos tiempo para reunirnos y reflexionar”, dijo Ana.
“Siento que estamos corriendo sin ver si vamos en la dirección correcta”, agregó Luis. Los equipos compartían la sensación de hacer mucho pero sin claridad, atrapados entre operación y exploración.
Este Checkpoint permitió visualizar la naturaleza del lío: tensiones reales, conflictos de recursos y sobrecarga de decisiones, incluso en los primeros pasos de innovación.
Como consultora, me gusta ver estos momentos como oportunidades de aprendizaje temprano. Ser una organización ambidiestra, que equilibra la operación e innovación, genera tensiones desde el principio. Reconocerlas y darles nombre es lo que permite avanzar con claridad.
No se trata de tener la receta perfecta. Se trata de:
Identificar dónde hay fricción y presión excesiva.
Detectar qué recursos y espacios faltan para que la innovación pueda tomar fuerza.
Abrir conversaciones estratégicas que permitan tomar decisiones más conscientes, sin sobrecargar a los equipos.
La pregunta que queda para cualquier líder: ¿cómo equilibramos la operación diaria con la urgencia de innovar para el futuro sin desgastar al equipo?
Si tu organización está iniciando innovación mientras mantiene la operación, una conversación estratégica puede ayudarte a identificar tensiones, priorizar iniciativas y gestionar expectativas, para avanzar sin sobrecargar a los equipos.



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